domingo, 9 de enero de 2011

LA VIDA LOCA de Christian Poveda


Lo que comenzó con el retrato, durante 16 meses de un banda callejera con origen norteamericano para descubrir al mundo el día a día de los integrantes de la mara salvadoreña 18, terminó con la ajetreada vida de su creador.

Christian Poveda, de profesión periodista aventurero, arriesgó su vida por sacar a la luz todo aquello que sabemos pero que no conocemos. El último trabajo que finalizó tuvo lugar en uno de los barrios donde la actuación de la banda tribal está más latente. Su objetivo fue destacar el aspecto humano de los integrantes desde el punto de vista de la familia, que en el mayor de los casos permanece desestructurada. Las escasas opciones para obtener una completa educación, un trabajo respetable y una vida tranquila con el apoyo familiar conllevan a un fenómeno social unido por las circunstancias de la vida que tan poco valor tiene en determinados barrios salvadoreños como es el caso de La Campanera.

El retrato de casi 60 miembros de la mara 18 es una conjunción de asociación, religión, drogadicción, juicios, homicidios, embarazos, muerte y destrucción. Imágenes inolvidables y un trabajo excepcional para un profesional que no buscaba lo banal, si no llegar a comprender lo que siente una persona que por sobrevivir arriesga al máximo para obtener lo más mínimo.

Qué sabe nadie sobre la persona que pronunció las palabras mágicas que llevaron a la muerte a este gran divulgador de la realidad. Quizás la mara Salvatrucha que se negó a protagonizar La vida loca, quizás la misma pandilla 18 vio algo que no le gustó, o incluso al gobierno podría estorbarle en algún que otro supuesto negocio con las bandas, hasta la ley ejerciendo su veto cegador a favor de la corrupción. Pero, ¿qué más dará si detrás de estas suposiciones sólo hay otro ataúd que se sumará a la media salvadoreña de cinco víctimas por homicidio al día? 

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